sábado, 6 de enero de 2018

Adiós

No somos necesarios y por eso nos vamos muriendo poco a poco, hasta que nos despedimos del todo. A lo largo del proceso de la vida y de la muerte y a través de rituales,  mientras desenredamos la madeja, nos vamos apeando en los momentos intensos para sentirlos un poco más, para que no se nos escapen. 
He encontrado en esta foto un momento de la historia de esos seres maravillosos que nos acompañan y me he puesto a imaginar. Una tarde de domingo en un pueblo pequeño y sonriente, quizá recién empezado el amor, miradas furtivas e intensas, deseos que se esconden por encima y por debajo de la mesa. El mejor traje para estar a la altura, el vestido más alegre para que haga juego con la felicidad de estos encuentros en tardes de domingo. He leído en esta foto que el tiempo es fugaz, que cuando hay amor puedo vivir y morir a tu lado, que me gustan todos tus defectos y virtudes y que nunca te podrás ir. He intuido que cuando somos dos, somos amantes y amigos todas las tardes de la vida. He aprendido que nunca nos vamos del todo, porque quedarse es más hermoso, más cálido. Quedarse es ir contra el tiempo, por lo tanto me quedo y tú te quedas conmigo.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Soy una caminante

Hoy he visto zombies haciéndose selfies de espaldas a uno de los grandes espectáculos de la vida: la salida del sol sobre el mar. Yo en silencio frente al mar, congelada, esperando desde hacía rato, preparándome para ser una con el amanecer. Poco a poco me iba transformando en viento, en pájaros, en nubes coloreadas, en olas incontables, en rayos de sol.
A mi lado, espectadores pasivos disparando cámaras que pretenden captar todos esos segundos que sus ojos se han perdido.
Frente a mi, el sol, el viento, mi espíritu flotando ajeno al triste espectáculo de la inmediatez y el olvido. No saben que la liquidez de la vida marca fechas de caducidad que hay que exprimir. No saben que en sus fotos no se graban los suspiros, no se reproduce el camino recorrido hasta ese instante etéreo.
Ya han recogido sus chismes y sus vidas, yo sigo aquí, frente al mar, respirando.

martes, 14 de noviembre de 2017

Dejar salir al ser humano que llevan dentro

Cuacos de Yuste. Silencio. Foto de Mariano
La escuela debe permitir que salga el ser humano que llevamos dentro. La escuela no puede aprisionar a los chicos y no dejarles respirar. El aprendizaje individual e interior tiene que ser respetado y los educadores nos hemos ido convirtiendo en adultos que han perdido la capacidad de captación y necesitan explicarlo y hablarlo todo. Al final no hay hueco para sus descubrimientos, se los hemos robado con nuestra verborrea imparable.
Los alumnos suspiran todo el tiempo, la angustia forma parte de su lenguaje coloquial, han dejado de escuchar el silencio de su mente para escuchar el ruido de su cuerpo.
Depresión endógena de Vostell
Estamos muy lejos de pensar que el autoconocimiento es necesario, porque nos asusta penetrar en nosotros mismos. Los chicos andan perdidos en cuanto a ellos mismos se refiere, a veces les encuentro mirando a la nada o al infinito o simplemente no mirando. Buscan respuestas a ese estado de desasosiego permanente, a ese estar fuera de la realidad que son nuestras escuelas. Los centros educativos no se parecen al mundo en el que vivimos, les decimos qué hacer, pero no les dejamos actuar, a veces ni tan si quiera pensar, porque les damos todas las respuestas. Les decimos qué hacer, pero no les preparamos para la acción efectiva, la física, la evidente; la que se van a encontrar cada vez que salgan por la puerta.
En mi cabeza siempre una pregunta martillea mi alma ¿cómo se sienten?. Yo no quiero que sean zombis, quiero que sean caminantes y que disfruten del camino. Yo no quiero que estén sentados al unísono y por eso me encuentro tantas veces buceando en sus almas y en sus mentes, para escuchar sus silencios, sus aprendizajes y sus sueños.



jueves, 9 de noviembre de 2017

El sinsabor educativo

Recién acabamos de ver Matrix en 2º de bachillerato.Tras pasear por la filosofía de Platón y decidir si tomar la pastilla roja o la azul, nos encontramos con la necesidad o la contingencia de la verdad. Recién hemos disfrutado también del "Rigor en la ciencia" y hemos descubierto la sugerencia borgiana de desmenuzar el mapa para  sentir el territorio y de nuevo, la aparición de la verdad y también la realidad. En nuestra elección está nuestro premio o nuestro castigo. En nuestra elección hemos comprendido que está nuestra responsabilidad ante lo elegido. Es nuestra elección la que nos presentará la verdad que deseamos saber o la que, como necios, necesitamos ignorar. Hemos comprendido también que no somos libres en nuestra elección, siempre determinada por el ojo que nos mira, por los otros que nos empujan a elegir y a no hacer uso de la libertad.
Después de esto viví otra película más insípida, más próxima a la realidad que no comparto: un sistema de control educativo y parental se cierne sobre nuestras comunidades educativas, el llamado cuaderno del profesor se moderniza, aún más, para permitir que nuestra libertad y la de nuestros chicos quede definitivamente extinguida. 
Dejo la pastilla azul para los que quieran instalarse en la ilusión y en la ignorancia. Yo he decidido abrazar la dolorosa verdad y he tomado la pastilla roja, porque habría fracasado moralmente de no hacerlo. 

viernes, 27 de octubre de 2017

¿Por qué los independentistas gritan libertad?

Escuchando los gritos de libertad y viendo cómo ondeaban las banderas, sólo vi estupidez entre los que se autoproclaman independentistas y que no saben qué es la independencia, ni la libertad. Me golpearon violentamente momentos en los que también se gritaba libertad y no se parecían en nada al espectáculo de anoche. Gritaron libertad los esclavos, las víctimas del terrorismo, los caídos en las guerras y en las cunetas de nuestro país. Gritaban libertad los objetores de conciencia, Rosa Parks, los hijos maltratados y violados. Escuchaba a los héroes del franquismo, de la guerra civil, de los zulos y las cárceles, los desaparecidos, las voces de los verdaderos presos. Escuchaba a mi padre que siendo guardia civil en activo estaba encadenado a cualquier segundo en el que un terrorista pudiera disparar con absoluta libertad. Ahí estaban también, todos aquellos obligados a luchar por la libertad de otros.
En Cataluña siempre ha habido libertad. Es ahora cuando una minoría, como si de un acto sectario y grotesco se tratara, pretenden hacer creer a una mayoría que son víctimas de verdugos inexistentes. 
Otra cosa sería que gritasen libertad porque son esclavos de sus sombras, de sus vidas, de sus vicios y sus fracasos y de repente hubiesen descubierto que pueden salir de la caverna. Pero creo que no, porque si así fuese no lo harían en nombre de ninguna bandera.
Y luego están los otros, los defensores de la patria, los reconoceréis enseguida porque pasean otra bandera y pretenden colgarse medallas con la confusión del momento. Políticos oportunistas y rastreros que en nombre de la Constitución arañan, una vez más maldita sea, los votos en su escalada al poder. Son incendiarios que arrastran sus desdichas personales a "nuestros" escaños del Congreso, son vendedores de seguros infiltrados, sofistas iluminados por su única riqueza: la esclavitud de otros.
Ando estos días hablando a mis chicos/as de Platón y Cataluña y en esta rebelión mal entendida, el camino es la buena educación: la cuesta empinada y escarpada, la que no todos están dispuestos a subir.

jueves, 26 de octubre de 2017

La pobreza en una foto robada

Cualquier tarde en mi ciudad

Dime que el futuro de la humanidad no pasa por recoger basura en los contenedores de la ciudad. Dime que no tendré que volver a ver esta imagen. Quiero pensar que no habrá más carros de cartón que arrastren a seres humanos que te miran a los ojos y aseguran que nada necesitan, salvo que les dejes en paz.
Cuando el rey se puso ante Diógenes y le ofreció lo que deseara para salir de su pobreza, sólo exigió que se apartase porque le estaba tapando el calor y la luz del sol.
Hoy sentada en mi coche, con mi vida resuelta, aparcada esperando a mi hija feliz, descansada, alimentada, vestida, con un móvil capaz de fotografiar tristezas y unas manos capaces de llenar contenedores de basura con migajas...esos días, todos los días, me cuesta mucho vivir. 
Pido perdón por la foto robada, pido perdón por la basura que otros necesitan, perdón por lo injusto, por las malas políticas sociales, por las veces que quizá voté a los que las ponen en marcha, pido perdón porque sólo puedo gritarlo y denunciarlo y no pararlo del todo. Perdón.
Y después de esto, ¿qué?.
Yo me tomaré un café y el seguirá caminando. Un mundo incierto, querido Diógenes.

lunes, 23 de octubre de 2017

Triunfos en soledad

A veces, me encuentro con los recuerdos y siento una explosión de nostalgia y satisfacción difícil de controlar, disfrutar o soportar. A veces, simplemente no hay pasado y me concentro en un instante y me marco un órdago y engaño a mis sombras. A veces, solo está la realidad sin futuro, sin expectativas ni esperanzas. La esperanza es la medicina de los débiles. Los débiles sienten la mediocridad como única patria. No tengo patria, no tengo esperanza. A veces cierro los ojos y ahí está la puta vida que me mira de frente y no tiene miedo de encontrase conmigo en la espacio-temporalidad, en la nada que compartimos. A veces también abro los ojos y la sonrío para desarmarla y me deja pasar a su lado sin obligarme a dejar de respirar. Entonces respiro y nada más, solo respiro.
A mi lado seres humanos, siempre a mi lado, que me recuerdan que no puedo dejar de pensar, de sufrir, de respirar. Ni un paso atrás.