sábado, 26 de septiembre de 2026
Reclamo el 4,8% de mis impuestos.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
La muerte de la verdad o como todo se va a la mierda.
Cuando además el desvelamiento original ha dejado de ser un acto puro que deja a la vista todo aquello que está escondido, algunas empezamos a sentirnos perdidas.
La gente miente para llamar la atención. Miente para parecer más alta, más lista, más joven o más experta en no decir la verdad. Miente para conseguir un trabajo, una buena nota, una sonrisa, un aparcamiento preferente o una plaza en cualquier transporte. Miente para dejar claro que pueden engañarte, sin darse cuenta de que tu también mientes.
Mienten para poder comer gratis, mear gratis, cagar gratis, follar gratis. Y en esa búsqueda de la gratuidad absoluta, todo se convierte en una enorme mierda que gratuitamente todos vamos pisando y desparramando por todo el planeta. También mienten para no tener que recogerla.
Se han olvidado de decir la verdad los que enferman, los que curan o enferman aún más por no decir la verdad, los que invaden, los invadidos, los que votan y los votados, el que me mira perplejo y pretende que le ponga buena nota cuando el trabajo lo hizo la IA, el que me felicita por algo que tan solo ha mirado por encima sin profundizar. Mienten y en su propia mentira acaban creyéndose a si mismos y se vanaglorian del éxito de un engaño más. Miente el altruista cansado de ser generoso, el pobre cansado de pedir, el rico cansado de gastar.
Nos echan de nuestras casas Maricarmen, diciendo que eso es justicia. Nos queman las chabolas diciendo que son tolerantes con los que llegan. Hunden barcas, pegan tiros, zarandean coches, palizas a trans, homosexuales, mujeres, niños, ancianos. Miente la policía, el inmigrante, el defensor de la paz que al final se convierte en guerra permanente. Miente el que te está matando para que creas que lo mereces mientras mueres. Miente el que pone cara de órdago y el que no juega. Miente tu padre o tu madre porque necesitan que creas que dicen la verdad. Miente tu hijo no diciendo dónde estará y con quién, mienten cuando sueñan, cuando lloran, mienten en los pasos que han dado, en el peso que levantan en el gimnasio, en lo que han pescado, vendido, en el precio que pagaron por algo más de esclavitud porque ya no saben usar la libertad de manera honesta.
Mientes cuando me dices que me quieres, cuando me dices que no, cuando afirmas que este amor será para toda la vida o cuando llegue la muerte y me mientas para matarme.
Mientes porque la muerte de la verdad es inminente y mientes, mientes...
Mienten porque ya se olvidaron de cómo decir la verdad.
lunes, 13 de julio de 2026
Cuando éramos libres
Cuando éramos libres, nuestras manos acompañaron nuestros actos. A veces abiertas y en alto expresándonos públicamente en defensa de los derechos humanos. Siempre había pedazos de dignidad por los que tuvimos que luchar. A veces cerradas por la impotencia de no saber cómo armarnos hasta los dientes y batallar sin violencia.
Cuando éramos libres reíamos y nuestra risa hacía eco porque rebotaba libremente. Chistes sin ofensa real, sin dolor real, sin agresión real. Cómicos de la calle dispuestos a sentarse en cualquier terraza y hablar de idioteces incluso en voz alta para ser escuchados y contagiar la risa.
Cuando éramos libres metíamos nuestro voto, un domingo, en la urna de la democracia. Bebíamos cerveza después con la satisfacción de haber cumplido como ciudadanos con nuestra obligación, desvelábamos el secreto de a quién habíamos votado y respetábamos la disparidad de criterios, porque era lo que tocaba.
Cuando éramos libres, éramos hippes, punks, rockeros, tribus diversas de esas que llamaban urbanas. Las que llenábamos de color cualquier avenida, bareto o tasca. Las que en medio de la mezcla y la variedad nos mirábamos simulando amenazas que nunca llegaron a consumarse. Y compartíamos espacio y bocadillos sin indigestarnos.
Cuando éramos libres, el mundo era de todos y para todos. Presumíamos de amigos homosexuales, negros, trans... sin apalearnos, humillarnos, degradarnos o matarnos. Presumíamos de tolerancia absoluta, aunque nos costase asimilar las diferencias sin criticarlas.
Cuando éramos libres, fuimos capaces de defendernos y de defender al otro en manada.
Cuando éramos libres, éramos libres. Ahora andamos aprendiendo a susurrar nuestra libertad.
miércoles, 10 de junio de 2026
¡Extranjeros fuera! Una mirada educativa
lunes, 1 de junio de 2026
Harta de tanta carga policial
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| Carga policial en Valencia contra profesora |
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| Carga policial (Bilbao) contra miembros de la flotilla |







