domingo, 11 de marzo de 2018

Siempre preguntando

El viernes pregunté a mis alumnos de segundo de bachillerato qué se llevan, ahora que el curso está a punto de terminar y se marchan del instituto. Les pregunté si lo que se llevan les servirá para vivir. Les seguí preguntando, si les hemos dado las herramientas necesarias para ser funcionales en su vida de adultos, si hemos conseguido "amueblar sus cabezas" con las destrezas necesarias para resolver lo que vaya surgiendo a medida que se alejan de nosotros y se acercan a otro entorno más complejo. Insistí en averiguar si nos hemos esforzado lo suficiente por ayudarles a gestionar sus emociones, sus sentimientos, si hemos sabido descubrir sus talentos y acercarles al éxito de su existencia. Quise saber si les hemos transmitido la importancia real de ser generosos y no combativos aunque encuentren una selva en los próximos años y tengan que luchar. 
Me respondieron que se llevan poco de lo importante y mucho de lo que van a olvidar enseguida. Me hablaron demasiado de contenidos y conceptos, exámenes, operaciones matemáticas, prohibiciones, castigos y presión académica. Hablaron poco de satisfacción personal, de sentirse realizados en plenitud, de haber sido escuchados lo suficiente, de motivación y emoción. 
En estos días voy a seguir preguntando, he confirmado el sinsabor que me persigue y me impide dejar de preguntar. Sé que se llevan más cosas de las que ellos creen. Pero sé que se llevan muchas menos cosas de las que deberían. 

sábado, 24 de febrero de 2018

El placer de estar.

Tengo el ordenador sobre mis piernas, el poco sol que queda a esta hora me está calentando.  El cristal de la ventana acumula los restos de polvo, lluvia y pelusas. a las que con un trapo no puedo acceder porque tendría que desmontar la ventana. De fondo la televisión con un ruido infernal, probablemente alguna película de guerra que estará viendo mi marido. La estela de un avión en el cielo que mágicamente atraviesa las nubes, mientras ondea una pequeña bandera de España en el balcón de enfrente (un resto de solidaridad o patriotismo). Hay un pájaro en una jaula que no canta y al menos siete nidos de golondrinas que no paran de sonar. Pasan pocos coches, la calle es solitaria. Veo a poca gente, ahora suena una conversación inapreciable desde la tercera planta en la que vivo. Vibra el móvil, aprieto las teclas del ordenador y presto atención para pulsar con la presión adecuada y no saltarme ninguna letra y no dejar de construir ninguna palabra. Una chica despeinada espera en el portal a que su perro haga pis, después cierra. No veo ni oigo nada más, el resto si lo deseo puedo imaginarlo, pero no será real. Puedo suponer que tras las ventanas y balcones que tengo a mi vista hay más personas viendo sus teles infernales o románticas, jugando a las cartas, leyendo e incluso imaginando qué estaré escribiendo en mi portátil, suponiendo que alguien también esté mirando hacia mi ventana. Puedo dejar de pensar y solo estar, para no permitir que dirijan siempre mi tiempo esos pensamientos inagotables, que Descartes afirmó que eran la causa de la existencia. Puedo solo existir, atenta, consciente, observadora, sin juicios. Solo estar, en este instante, conmigo, comprendiendo que solo hay esto. 

miércoles, 21 de febrero de 2018

Una entrevista para encontrarme

¿Por qué la filosofía?, ¿por qué te levantas cada mañana?, ¿cuáles son tus pasiones?, ¿alguna vez tocaste fondo y por qué?, ¿qué filosofía de vida tiene una filósofa? o ¿por qué estás trabajando dentro de un sistema educativo que no te gusta como funciona?. Son solo unas cuantas de las muchas preguntas que mis chicos me han regalado hoy. Han decidido curiosear en mis emociones dulcemente y yo me he dejado acariciar, dejando que todo lo recogido a lo largo de mi vida fluyera para ser compartido. Ellos siempre se prestan a expresar lo que sienten, lo que piensan, lo que sufren, lo que esperan de la vida y del más allá. Yo les bombardeo y les provoco a preguntas y reflexiones. Hoy he probado mi propia medicina y lo que empezó siendo un momento incómodo frente a mis alumnos/as, se transformó en una entrevista amable a la que fui respondiendo con la pasión e intensidad que forma parte de mi vida. Creo que han comprendido mi caminar, creo que han comprendido que una parte de mi se levanta cada mañana por ellos y porque un día me di cuenta de todo lo que queda por hacer y no quiero perderme nada. Creo que han descubierto que nunca se toca fondo lo suficiente aunque te hayas intoxicado de sufrimiento en algún momento del recorrido, que no hay miedos que no se puedan soportar, que no hay luchas imposibles, que la educación puede mejorar el mundo y que el mundo no necesita que le cambiemos. A partir de hoy sabrán que educar no es un trabajo, es el regalo que recibí de mi razón, de mis sueños, de mi locura permanente por romperlo todo y construir de nuevo. 
Hoy he reafirmado la grandeza de estos chicos deseosos de aprender, de ser mejores, de conquistar un camino que no tenemos derecho a decidir, deseosos de volar en mil direcciones, de escuchar consejos y estupideces. Hoy he aprendido a encontrarme con ellos y en ellos y les quiero decir que estoy agradecida.  

sábado, 6 de enero de 2018

Adiós

No somos necesarios y por eso nos vamos muriendo poco a poco, hasta que nos despedimos del todo. A lo largo del proceso de la vida y de la muerte y a través de rituales,  mientras desenredamos la madeja, nos vamos apeando en los momentos intensos para sentirlos un poco más, para que no se nos escapen. 
He encontrado en esta foto un momento de la historia de esos seres maravillosos que nos acompañan y me he puesto a imaginar. Una tarde de domingo en un pueblo pequeño y sonriente, quizá recién empezado el amor, miradas furtivas e intensas, deseos que se esconden por encima y por debajo de la mesa. El mejor traje para estar a la altura, el vestido más alegre para que haga juego con la felicidad de estos encuentros en tardes de domingo. He leído en esta foto que el tiempo es fugaz, que cuando hay amor puedo vivir y morir a tu lado, que me gustan todos tus defectos y virtudes y que nunca te podrás ir. He intuido que cuando somos dos, somos amantes y amigos todas las tardes de la vida. He aprendido que nunca nos vamos del todo, porque quedarse es más hermoso, más cálido. Quedarse es ir contra el tiempo, por lo tanto me quedo y tú te quedas conmigo.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Soy una caminante

Hoy he visto zombies haciéndose selfies de espaldas a uno de los grandes espectáculos de la vida: la salida del sol sobre el mar. Yo en silencio frente al mar, congelada, esperando desde hacía rato, preparándome para ser una con el amanecer. Poco a poco me iba transformando en viento, en pájaros, en nubes coloreadas, en olas incontables, en rayos de sol.
A mi lado, espectadores pasivos disparando cámaras que pretenden captar todos esos segundos que sus ojos se han perdido.
Frente a mi, el sol, el viento, mi espíritu flotando ajeno al triste espectáculo de la inmediatez y el olvido. No saben que la liquidez de la vida marca fechas de caducidad que hay que exprimir. No saben que en sus fotos no se graban los suspiros, no se reproduce el camino recorrido hasta ese instante etéreo.
Ya han recogido sus chismes y sus vidas, yo sigo aquí, frente al mar, respirando.

martes, 14 de noviembre de 2017

Dejar salir al ser humano que llevan dentro

Cuacos de Yuste. Silencio. Foto de Mariano
La escuela debe permitir que salga el ser humano que llevamos dentro. La escuela no puede aprisionar a los chicos y no dejarles respirar. El aprendizaje individual e interior tiene que ser respetado y los educadores nos hemos ido convirtiendo en adultos que han perdido la capacidad de captación y necesitan explicarlo y hablarlo todo. Al final no hay hueco para sus descubrimientos, se los hemos robado con nuestra verborrea imparable.
Los alumnos suspiran todo el tiempo, la angustia forma parte de su lenguaje coloquial, han dejado de escuchar el silencio de su mente para escuchar el ruido de su cuerpo.
Depresión endógena de Vostell
Estamos muy lejos de pensar que el autoconocimiento es necesario, porque nos asusta penetrar en nosotros mismos. Los chicos andan perdidos en cuanto a ellos mismos se refiere, a veces les encuentro mirando a la nada o al infinito o simplemente no mirando. Buscan respuestas a ese estado de desasosiego permanente, a ese estar fuera de la realidad que son nuestras escuelas. Los centros educativos no se parecen al mundo en el que vivimos, les decimos qué hacer, pero no les dejamos actuar, a veces ni tan si quiera pensar, porque les damos todas las respuestas. Les decimos qué hacer, pero no les preparamos para la acción efectiva, la física, la evidente; la que se van a encontrar cada vez que salgan por la puerta.
En mi cabeza siempre una pregunta martillea mi alma ¿cómo se sienten?. Yo no quiero que sean zombis, quiero que sean caminantes y que disfruten del camino. Yo no quiero que estén sentados al unísono y por eso me encuentro tantas veces buceando en sus almas y en sus mentes, para escuchar sus silencios, sus aprendizajes y sus sueños.



jueves, 9 de noviembre de 2017

El sinsabor educativo

Recién acabamos de ver Matrix en 2º de bachillerato.Tras pasear por la filosofía de Platón y decidir si tomar la pastilla roja o la azul, nos encontramos con la necesidad o la contingencia de la verdad. Recién hemos disfrutado también del "Rigor en la ciencia" y hemos descubierto la sugerencia borgiana de desmenuzar el mapa para  sentir el territorio y de nuevo, la aparición de la verdad y también la realidad. En nuestra elección está nuestro premio o nuestro castigo. En nuestra elección hemos comprendido que está nuestra responsabilidad ante lo elegido. Es nuestra elección la que nos presentará la verdad que deseamos saber o la que, como necios, necesitamos ignorar. Hemos comprendido también que no somos libres en nuestra elección, siempre determinada por el ojo que nos mira, por los otros que nos empujan a elegir y a no hacer uso de la libertad.
Después de esto viví otra película más insípida, más próxima a la realidad que no comparto: un sistema de control educativo y parental se cierne sobre nuestras comunidades educativas, el llamado cuaderno del profesor se moderniza, aún más, para permitir que nuestra libertad y la de nuestros chicos quede definitivamente extinguida. 
Dejo la pastilla azul para los que quieran instalarse en la ilusión y en la ignorancia. Yo he decidido abrazar la dolorosa verdad y he tomado la pastilla roja, porque habría fracasado moralmente de no hacerlo.