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| Carga policial en Valencia contra profesora |
Tengo 59 años y ya he visto esto en otros contextos y en otra época. Cuando llegaba de la playa de la Concha y me bajaba en Rentería, a veces los grises estaban dando palos por las calles y los bares. Era lo suficientemente pequeña como para que no me tocasen y lo suficientemente mayor para comprender que eso era violencia descontrolada. Entonces echaba a correr hasta casa, agarrada de la mano de mi madre o de mi hermana, deseando que los tuyos estuviesen a salvo. Mientras corría, me dejaron mirar lo suficiente hacia atrás para que eso dejara una huella positiva en mi vida y me empezara a preocupar por los otros.
Tengo recuerdos de mi hermana, por entonces adolescente, cuando llegaba a casa contando que habían entrado los grises en el bar en el que estaban y habían dejado salir a las chicas y apaleado a los chicos.
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| Carga policial (Bilbao) contra miembros de la flotilla |
Estos intensos recuerdos me han llevado a entender mi existencia de otra forma. Por eso hoy lucho todavía contra lo que es injusto, violento, mezquino y asqueroso.
Miro de frente a la obediencia ciega hacia el sistema, a la falta de pensamiento crítico, a la carencia de valores, la deshumanización, al ser humano que se ha perdido y ha esquivado los psicotécnicos en la selección policial.
El palito de abollar ideologías, parece tener vida propia en algunas manos. Malditas manos. Supongo que son las mismas que acarician a esos hijos que educamos en libertad para que luchen contra lo que no es justo, para que denuncien la violencia ejercida contra otros seres humanos por personas que en su momento eligieron defender a los ciudadanos de este país. Esos hijos, a los que los profesores apaleados hablamos con cariño en nuestras aulas, les enseñamos, escuchamos y comprendemos. Espero que pronto esos hijos se subleven contra esas manos que empuñan palos y exhiben el derecho a utilizarlos de manera pública e indiscriminada.



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