Da igual el color, la raza, la nacionalidad, la ideología, la ropa, el corte de pelo, la religión, el idioma, tus tatuajes, la música que escuchas y cantas, si eres vegano, taurino, loco o cuerdo, legal o ilegal, trabajador, pringado, mediocre, superdotado, empresario, mendigo, estudiante, parado, okupa, sacerdote, panadero, agricultor, militar, mujer, hombre.
Todos somos ya extranjeros. Todos sobramos en alguna parte y en cualquier momento. Todos debemos morir para alguien, porque estaremos fuera de nuestro lugar en nada que nos movamos de nuestro sitio. Pero nadie sabe cuál es su sitio original, su propiedad. Todos somos odiados por alguien que nos considera extranjeros y seremos apuñalados y moriremos porque alguien nos acusará de haber invadido ese espacio que lleva su nombre, el de su patria o su bandera. Cantarán un himno y eso les hará fuertes y a los demás nos hará cada vez más pequeños. Cantaremos un himno que nos hará fuertes y a los demás los hará infinitamente pequeños. Estamos condenados a no cantar nunca el mismo himno.
Los educadores estamos obligados a actuar siempre desde el otro lado, el de la mirada neutra, sin vencedores ni vencidos. Mi alumnado revisa noticias, debate, escucha y en su frágil juventud intenta comprender y acaba reproduciendo aquellos mensajes que los adultos repiten, las redes repiten, unos sobre otros repiten. Pensad, pensad, pensad, ya no nos queda otra salida que pensar. Pensar en que sois el extranjero... ¿fuera de dónde? ¿fuera por qué?
Está de moda ser tolerante, pacifista, ecologista, feminista, apadrinar... Banalizamos los grandes problemas sociales que necesitan transformaciones radicales y los convertimos en ridículos problemas reducidos a una campaña puntual. Cuando cambian las vallas publicitarias, desaparece el hambre en el mundo, la crisis ambiental, la violencia de género, las guerras, la represión, el odio. Unos minutos de publicidad y se produce el adormecimiento, la donación generosa limpia conciencias y después sigo banalizando hasta la próxima campaña.
La educación debe ser democrática, plural, libre, justa, crítica. Ha de ser el fondo sobre el que podamos construir un mundo, el mejor de los posibles.
Pero en algún punto debieron de perderse y romperse todos los principios y empezamos a luchar por causas equivocadas y nos convertimos en extranjeros a quien quemar, acuchillar, humillar y dejar morir o matar.
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