martes, 8 de diciembre de 2020

¿Por qué tengo que vivir?

Laura, Elena, Eva, Nuria, Manolo y Nico

 Cada año, recibo con los brazos abiertos y la mente en modo tabula rasa, a los jóvenes filósofos que eligen como optativa la filosofía de 4º de la ESO. Y como vamos siendo una especie en vías de extinción, gusto mimarlos y sobretodo gusto llamarlos mis filósofos. 
Hechas las presentaciones, querrán ustedes saber de qué misteriosos temas hablamos, con qué maravillas les hago levitar de sus asientos, qué poderes mágicos empleo para que año tras año un estupendo grupo de adolescentes se acerquen con cierta curiosidad a mis clases de filosofía y lo que es más inquietante aún: decidan quedarse nueve meses de sus vidas acompañándome.
Como dosis inicial y que encierra una gran incógnita y motivación, les regalo una libreta en blanco y les pido que vayan construyendo a lo largo de nuestros encuentros su propio libro y su propia filosofía. 
Han llegado con demasiada carga, demasiados prejuicios sin analizar, demasiadas palabras aprendidas y no saboreadas, demasiadas teorías, curiosidades, mala distribución de sus conocimientos, de sus horarios, de su ocio, de sus vidas. Maltrechos se asoman a mi vida de puntillas y me gusta ir dándoles pequeños pescozones para que despierten del letargo y miren a la vida de frente, con los ojos bien abiertos para no perderse nada.
Por delante de ellos paseo acompañada de todo un séquito ilustre: Platón. Epicteto, Sartre, Camus, Schopenhauer, Marco Aurelio, Nietzsche, Cioran... Desmenuzamos la vida que están viviendo con el prisma de sus palabras. 
Y es tan sencillo. Solo hablamos de nuestras cosas, las cercanas, las ausentes, el amor, un corazón roto, la muerte, las drogas, los amigos, la tristeza, la felicidad, el sexo, el egoísmo, la honestidad...
Y hablamos y pasa el tiempo y seguimos hablando. Y escriben mucho y piensan y hablan. Y me acompañan en esta aventura que se nos antoja unos días dramática, otros trágica otros divertida, feliz.... 
Son mis filósofos, amantes de la sabiduría en estado puro.


 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Niebla en Alburquerque

Alburquerque

 Aproximadamente 40 kilómetros me separan del      lugar al que cada mañana voy a enseñar lo mejor     que se a mis alumnos/as. Alburquerque es el lugar donde se alza un hermoso castillo entre niebla y un espacio que se ha convertido en mi casa.
Desde hace seis años que llegué, no he querido marcharme, no es fácil encontrar el lugar donde una quiere permanecer voluntariamente.
Reconozco que cada mañana cuando empiezo a bajar por el valle me estremece el espectáculo que me puedo encontrar: a veces sol, a veces lluvia, muchas veces la magia de la niebla (como esta mañana), me regala lo que no alcanzo a describir con mis palabras. 
Trabajo aquí, o más bien disfruto aquí de algo que algunos llaman trabajo. Paseo a veces con mis alumnos por algunas calles. Desayuno a veces en la estación, donde Juani y Juli siempre tienen algo que contarme o gritarme o reñirme.. ¿verdad Juli?. Desayuno a veces en la cafetería del instituto con el tema del día, debatiendo con Mariángeles. Cumpleaños en la sala de profesores, con degustación variada. Trajín con el inagotable Jose María Izquierdo, siempre construyendo juntos. Me gusta comer en la Angarilla o en el Asador con mi querida amiga Judit. Hablo con la gente, ya casi pertenezco a este pueblo. Un delicioso te en la plaza, en el Portugués. Cerveza en la ermita o el Bola. Y a veces también he bailado en Tropic, punto de encuentro necesario para sentir el latir de mis chicos fuera del escenario obligado del instituto.
Y me encuentro a antiguos alumnos y a padres, abuelos... que me han visto por la TDA y me saludan aunque yo no los conozca. 
Alburquerque me ha cortejado desde que llegué aquí como un amante en celo. Yo que andaba cansada de tanto turismo rural, he decidido quedarme entre sus brazos. Gracias.


jueves, 12 de noviembre de 2020

Vivir en una caverna

En estos días de restricciones, mascarillas, geles y distancias obligadas, nos acompaña en nuestras clases de filosofía, Platón. Vamos a la búsqueda de la "nueva libertad". 
Perezosos, cobardes, borregos, políticos.... uy... me salió una lista de sinónimos improvisada. Personajes irracionales y carentes de pensamiento crítico, que pretenden robar a nuestros adolescentes la posibilidad de dejar de balar siguiendo al rebaño. 
La ética y la filosofía en nuestro país va y viene cual "puta por rastrojo" (mi respeto hacía las putas y los rastrojos). Ninguno de los sentados en esos escaños, que entre todos los ciudadanos hemos pulido, tiene la menor idea de la importancia de la educación para ser libre. Libre en un pais de esclavos: ¡malditos ignorantes de la libertad!. 
Desde de mi trono, cuyo lema es desobediencia civil, les hago llegar mi sincera invitación para asistir a mis clases de filosofía. Experta en provocación, "toca pelotas por excelencia", mosca cojonera, tábano que honra al grande: al Tábano de Atenas; les empujará a salir de la caverna. 

Les advierto que se encuentran en peligro de extinción, porque en estos días mis alumnos andan jugando a ser políticos, un año más. Les aviso de que tengo la mala costumbre de soltarles las cadenas y dejarles salir a la calle a escuchar el descontento de los ciudadanos, de esos que ustedes ignoran, desde esos escaños que estamos planeando destruir. Eso si, con moralidad y filosofía, que siempre es más elegante.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Querida Ángela: Si me piden que haga balance de estos casi cinco años que hace que nos conocemos, sólo me vienen a la cabeza grandes momentos a tu lado. Hoy guiada por esa responsabilidad, de la que bien podría presumir, Ángela ha elegido una vez más. Y con su elección, hemos llegado quizá al final de nuestra andadura como profesora y alumna, como filósofa y filósofa, como aprendiz y maestra (no sabría decir quién es quién). Pero como en estos años hemos ido alimentando cuidadosamente nuestra relación, nos queda lo importante ¿verdad, querida amiga?. Llegaste a mi vida sobrada de todo y llena de nada: con una intensidad desordenada, con una lucha sin control, con una desobediencia injustificada. Llegaste como quien viene dispuesta a ganarlo y a aprenderlo todo sin preguntar demasiado, para años después cuestionarlo todo. Y ahora, mírate, eres toda una filósofa a quien ese "destino" que tan buenos ratos nos ha hecho pasar, no le va a arrebatar el placer de filosofar. Gracias por simplemente estar, por existir, por ser real y libre. Gracias por tu espontaneidad, tu esfuerzo y el regalo de escucharte reflexionar en voz alta en medio de tus risas. Ya sabes que no me voy a ninguna parte, no estaré lejos. Ya sé que no te vas a ninguna parte y que no estarás lejos. Te quiero, compañera del alma.

lunes, 12 de octubre de 2020

Cagar y Filosofar

Imagino que los que se acerquen a leer esta nueva entrada creerán que van a tener quizá que imaginarme, sentada en el trono de mi casa, haciendo las deposiciones correspondientes mientras me acompaña alguna lectura trascendental. Ciertamente eso es lo que sucede con bastante frecuencia. Me recuerdo desde siempre acompañada de libros de contenido variado y especialmente filosófico en los diversos espacios de mi casa. Parece que siempre he asociado cagar y filosofar y hoy al ser consciente de ello me he echado a reir. Es un error, porque he aprendido que cuando cagas, cagas y cuando lees, lees. Hacer varias cosas a la vez, conlleva hacer varias cosas de forma incompleta e insatisfactoria. La lectura exige ese tiempo de concentración para permitir a las interminables letras penetrar en tu mente y emocionarte. Las lecturas filosóficas sacan lo mejor y lo peor de mi. Hoy La relectura de La República de Platón me ha trasladado a mis años de universidad, frente a mi profesor de historia de la filosofía, su gran bigote y sus grandes y apasionadas reflexiones. He recordado tardes en la vieja casa donde viví los primeros años de estudiante, con algunos compañeros que ya he olvidado y a los que solo recuerdo porque tengo una orla con sus fotos colgada en mi pared. He accedido a lo profundo de mi memoria y junto a Platón han aparecido grandes discusiones con aromas de cafés y humo de cigarros bailando entre los rayos de sol que entraban por la ventana. Han regresado todos y cuando acabe de recordarlos volverán a marcharse de mi vida. La lectura exige ese reencuentro con una misma, reconozco que no siento ningún miedo cuando así sucede. Y cuando te sientas en el bater, simplemente te sientas. Te concentras en dicha actividad como si de una gran lectura se tratara. Imprescindible un tiempo para todo, imprescindible la soledad para que ese tiempo sea completo y satisfactorio. Y hay instantes en los que la lectura te aparta de tu quehacer en el bater e instantes en los que la tensión de tus glúteos te aleja de esa parte del intelecto incapaz de bajar a lo más sencillo: simplemente, cagar.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Criticar versus Pensamiento crítico

¿Pensamiento crítico?. A mi me gusta criticar lo que dicen los políticos en el congreso: menuda panda de corruptos!. No sé de qué hablan, no entiendo de política y no me gusta, pero son unos incompetentes. Me gusta criticar la ropa que lleva mi vecina: parece que siempre vaya de mercadillo, menudo mal gusto, no se mirará en el espejo!...No, yo no entiendo de moda ni de ropa, pero sé que es horrenda. Critico que nos cargamos el medio ambiente y el gobierno no hace nada. Y eso de la capa de ozono y el efecto invernadero. No sé que es pero dicen que se derriten los polos. Critico la religión, manipulan a la gente con chorradas, yo ni sé de que van determinadas religiones, pero siempre han dicho que son manipuladoras. Critico a los de Vox son unos fascistas, ¿no has visto que van con la bandera? Nunca les he escuchado hablar más de cinco minutos, pero me han dicho que son unos racistas. Yo siempre discuto mucho, me gusta opinar de todo y enseguida me pongo a debatir...por supuesto que no me pongo a investigar de nada, pero yo opino aunque no tenga ni idea. Todo el mundo habla por hablar, es divertido. Y defiendo lo que pienso hasta el final, porque casi siempre tengo razón. Pensamiento crítico ¿qué me estás contando? Es más fácil criticar que pensar críticamente. La indignación y las palabras gritadas con enfado y a destiempo, llenas de ignorancia, a veces son aplaudidas por ignorantes también y entonces nos parecen importantes. Sin aprendizaje e investigación no hay pensamiento crítico, hay charlatanería. Y la charlatanería conduce al vacío. Pensar críticamente es difícil, exige un gran esfuerzo y exige asumir el riesgo de que los resultados nos decepcionen. Pero nos permitirá, sin ninguna duda, saber que al final de la montaña está la cima aunque las nubes la estén tapando. Quizá esté el vacio, afirma el ignorante.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Cuidar de los otros

Espectadora activa. La vida en los hospitales transita sin descanso por pasillos que parecen más largos que los metros reales que ocupan. Personas de colores vacían cuñas, extraen sangre, reparten calmantes, goteros, comidas, limpian incansables baños y habitaciones. Colocan, a modo de magos expertos, las sábanas limpias levitando al enfermo que cae de nuevo en su cama renovada. Caminan deprisa y supongo que a veces cansados. Escuchan todo tipo de quejas, peticiones, exigencias e historias. La mayoría sonríe, porque no hay nada más reconfortante que hacer, ni más inútil. Observo y todo es efímero. Van pasando los días en un tiempo que se hace rápido y pausado. Amanece, llueve, pasan las nubes por delante y por detrás, cae la larga y agotadora noche que parece no querer dejar volver al amanecer. Todo el mundo habla de cualquier cosa. Pocos guardamos el silencio que corresponde a un lugar de culto al recogimiento y al dolor. Sonoras puertas y paredes, visitas de paso que dejan un rastro de chismes y conclusiones. Teléfonos que pitan, que vibran, que gritan agotadoramente y que nos despiertan con violencia del letargo hospitalario. Cuidan de los otros, sin más. Llevan sus nombres escritos, pero no se presentan, ni se nombran. Pasan sin llamar, hacen su tarea y salen. Cambian los turnos, pero parecen todos iguales. Cuando entran por la puerta ya saben como se llama cada enfermo. Comprendiendo que son anónimos he entendido lo que hacen: cuidar de otros. Porque alguien tiene que hacerlo. Al fondo del pasillo, para más inri, además habita el Covid.