martes, 9 de enero de 2024

15 metros cuadrados de hospital.


Estoy conviviendo en aproximadamente 15 metros cuadrados de hospital. Hay un sillón verde, un potro de tortura que maltrata cada parte de mi esqueleto. Quizá la silla eléctrica se asemeje más confortable en estos malditos días de invierno, de esperas y hospitales.

15 metros cuadrados, camas manuales que rematan en mi dolorido cuerpo, lo que el sillón verde no pudo hacer.

15 metros cuadrados en los que juego a adivinar las horas que no pasan, los sonidos de máquinas, aerosoles y en que habitación se lamenta el enfermo o muere. 

Lo imposible es que pases por aquí y nadie muera.

15 metros cuadrados para escuchar historias que no me importan, que han dejado de estremecerme, porque en estos 15 metros cuadrados te vuelves indolente.

Y como no puedes dormir, los fantasmas vienen y te van jodiendo la noche. En 15 metros cuadrados es inapropiado lidiar con los recuerdos que vienen a destrozarte.

Deseo salir fuera, al frío. Salir de estos 15 metros cuadrados de invierno. Quise decir, quizá, de infierno. No lo sé.

Muerte en la 226



Título susceptible de cualquier novela de género policial, a las que, aunque con respeto, no guardo afición.

Morir en un hospital, aunque quien muera sea desconocido, es morir igualmente. Morir en un hospital se mezcla, con una exquisita normalidad, con la vida.

Las camas en las que viajan los muertos, se mezclan con las charlas de lo vivos en habitaciones y pasillos. De fondo no hay violines, solo cisternas descargando agua, cambios de suero, oxígeno que asemeja -con esfuerzo de imaginación- cascadas, sillas, peticiones de información, exigencia de cuidados, timbres…

La muerta pasea cubierta con una sábana corriente y rueda sobre la cama corriente que la sintió morir. Algunos miran directamente, imagino que no es su primer muerto. Otros refugian sus miradas en las ventanas y huyen de ese instante tan dramático y real: el de lo inevitable, lo que vendrá, lo místico, trascendental, lo irracional y poético, lo que somos, siempre seres que morimos. 

Hay un séquito espontáneo tras la cama de la muerta, camino del cielo o del infierno, nunca lo sabré.



Salas de espera


Estoy sentada en una silla de madera, en la sala de espera de este hospital.

Las salas de espera, son espacios en los que el dolor, quizá como lo sintió el mismo Epicuro, vive a sus anchas.

Hace frío, el invierno y el dolor hacen que ese frío se instale en los huesos. No nos conocemos, todos esperamos, porque aquí se viene a esperar y a desesperar.

Nos miramos a los ojos, imaginando cuál es la desazón del Otro, cuál la enfermedad que le ha traído aquí, o la persona querida de la que espera noticias. 

Aquí venimos a sufrir y a descubrir que vivir no es gratis, es esperar. 

domingo, 24 de diciembre de 2023

Queridos reyes magos....

He pedido a los reyes magos que por favor no hagan realidad mis sueños. Si así fuera, la noche de reyes, sólo podría llorar. 
Esta mañana me he sentado frente al papel en blanco y he cogido el sobre en el que está impreso: Para los reyes magos. Oriente.
Todos sabemos que no hace falta poner remitente, porque siempre saben dónde encontrarnos y aunque he cambiado de domicilio, siempre llegan. Este año, también llegarán.
Me gustan los libros que deciden traerme cada año, paños de cocina, toallas, bragas, viajes y pijamas. Pido que solo hagan realidad mis deseos más pequeños, porque los grandes e intensos serían peligrosos.
Queridos reyes magos: quiero que no hagáis realidad mi sueño de tener un apartamento en la playa porque no podría hacer frente a los gastos que genera, en estos momentos. Que no permitáis que muera entre terribles sufrimientos toda la gente tóxica que hay en el mundo a la que he deseado la muerte, por esa manía que tienen de proporcionar dolor a hermosas personas. No me regaléis una noche de sexo bestial con Vin Diesel, no podría sobreponerme a tanta excitación y no podría soportar perderlo después. No, tampoco sexo en grupo, ni todas las relaciones intempestivas con las que he soñado. Se que tenéis más cabeza que esta pobre filósofa y no haréis realidad mi deseo de dar un paso atrás en la historia para remediar los grandes errores de la humanidad y si, ya sé que hay que aceptar las cosas tal y como suceden. Exijo también que mi deseo de tolerancia no sea escuchado, porque corremos el peligro de tolerar demasiado, de tolerar lo intolerable y morir tolerando. Quizá vendría mejor un diccionario actualizado para comprender términos que no son bien utilizados, antes de pedir deseos. 
No hagáis realidad mis miedos a no saber distinguir la verdad y equivocarme más veces. No dejéis que tome la justicia por mi mano, porque tengo las manos demasiado pequeñas, el corazón demasiado expuesto y la mirada amable, para ser justa y cometería errores. No hagáis realidad mi sueño de ser feliz, porque acabaría con la felicidad de los demás y eso es indecente. No sería lícito tener salud porque solo lo he deseado en mis sueños, ni el amor incondicional, ni la poligamia, ni la transparencia y la sinceridad, ni tener dinero para construir vidas decentes a los abandonados. 
Por cierto, lo de saltar por un acantilado y morir volando hasta aterrizar sobre el mar, lo dejo a vuestra elección.
Queridos reyes magos:
Mejor no me dejéis soñar, para no tener que obligarme a olvidar cuando despierto.

martes, 7 de noviembre de 2023

Mi testamento

 


Me pasa un poco como a Silvio Rodríguez y para que la muerte no me pille sin haber pensado en ella, haré mi testamento, para repartir lo que me falta. 

No le debo nada a la vida y por ende, nada a la muerte. Me sobrará casi todo el equipaje de mano que llevo sobre mi cuerpo, me sobrará hasta mi cuerpo y por eso no quiero ser enterrada, sino arrojada y esparcida. Que recoja el viento todo lo que he ido acumulando. Que alguien se lleve mi poblada y vertiginosa biblioteca. Lamentaré olvidar todos aquellos libros que leí, porque me habrán proporcionado, hasta ese momento, instantes muy placenteros. Que el sol derrita mis relatos, los que escribí y regalé con la pasión de la que soy poseedora y los que sé que nunca escribiré, porque al final la vida no es tan larga como aparenta. Que se lleve el aire, el que habré respirado hasta entonces, mis palabras y mis opiniones, porque no me habrán servido de mucho. Que desaparezca mi aliento, mi alma, mi espíritu, mi filosofía de vida, si es que alguna vez hubo rastro de ella en todo lo que hice. Que las olas del mar, las que rompan contra los acantilados, se lleven mi recuerdo, porque nunca he anhelado ser recordada. Que los ruidos estridentes que hayan ensombrecido algún momento de mi vida se vayan conmigo, para asfixiarlos y que no puedan hacer sombra a los que amo. 

Sólo quiero que se quede mi amor infinito, ellos sabrán quienes son, porque los habré querido sin condiciones y los habré querido siempre hasta mi muerte. 

lunes, 11 de septiembre de 2023

Me duele

Decía Epicuro que el dolor existe y que es fuente de infelicidad. Para el filósofo hedonista, el dolor era su condición permanente, tanto por el dolor físico de su cuerpo como por la turbación de su alma. Me inclino ante el filósofo y su Jardín, lugar de acogida para esclavos, mujeres y prostitutas con derecho natural para filosofar. Admiro su incansable búsqueda de la felicidad, su racionalidad para mantener a raya los placeres materiales y liberar por encima de todo sufrimiento los espirituales.
Siento dolor. Siento dolor en mis huesos y en mi alma. En los últimos meses, solo hay dolor. En los últimos días, sólo sé sentir dolor. Me duelen los subversivos desinformados, me duelen los que han muerto sin motivo -si es que existe algún motivo para morir-, me duelen los que comparten su vida y sus sufrimientos conmigo en un afán de volatilizar su dolor. Me duele no saber y que otros digan que lo saben todo, sin saber. Me duelen los manipuladores de almas, los creyentes engañados con un paraíso celestial, los padres atormentados que no aprendieron nunca el idioma de sus hijos, los hijos adormecidos y acríticos por carencia de referencias. Me duele el sol y la lluvia a destiempo que nos amenaza, los silencios incómodos porque los cómodos siempre son bienvenidos. Me duelen los que me odian, los que me quieren y a los que soy indiferente. Me duele que te hayas muerto sin saber por qué morías, sin pensar que morirías ahora, sin dejar que los demás tuviésemos tiempo de comprender esa muerte, la que Epicuro dice que no duele. Me duele que no me llames, que no me escribas, que yo me olvide de escribirte a ti. Me duele que discutamos por nada y por algunas cosas que se podrían no discutir. Me duele tu adolescencia, la que adolece de todos los encantos y rebeldías necesarias para sobrevivir. Me duele la libertad cuando no existe, cuando los que viven por encima de ella sin comprender, la manosean y la escupen a la cara.  
Me duele la vida, la que vivo y la que mato a cada instante cuando no sé vivir.

martes, 1 de agosto de 2023

Enjambre de rojos o cómo opinar de política sin tener mucha idea.

Ayer al incorporarme al devenir y al trasiego del mundo, tras mi rato de relax después de comer, me encontré varios mensajes en mi wasap llenos de asombro y preocupación política. Para mi prima, el país ha votado inexplicablemente al PP y le ha dado 136 escaños y me dice que siente miedo, que las políticas que están desarrollando junto a Vox son peligrosas, que hay comunidades y ayuntamientos aprobando leyes y ordenanzas contra colectivos que ya habían conquistado por fin sus derechos más fundamentales. Hace unos días también, me divertía mucho escuchar, públicamente, de otro amigo que no comprendía cómo alguien puede votar al PP. Me pareció una afirmación tan obvia como fascinante. Yo misma, amante de la buena oratoria, no me explico cómo alguien puede sentirse atraído por discursos que se ríen de la gramática, la retórica griega y el amor por la palabra bien dicha. También tengo otro amigo que me aclaró esta cuestión: Creo que a los gañanes no les gusta escuchar a alguien formado, se sienten incómodos. 

Los grupos a los que pertenezco, como han podido adivinar son un enjambre de rojos, me gusta rodearme de gente con criterio.

Hace poco averigüé que existen los enjambres de cangrejos rojos, especie abundante en la Baja California. Su peculiaridad es que viven en una zona de hipoxia o bajo nivel de oxígeno. Parece ser que estas aguas con bajo nivel de oxígeno, proporcionan al cangrejo rojo un refugio contra los depredadores. En general viven en ríos, marismas y charcas. En general sobreviven a períodos de desecación, de sequías, de cambios y lo hacen enterrados en los agujeros que excavan en la tierra como refugio.

En un arranque de sacar una crítica constructiva -mi rama nietzscheana no me abandona nunca-, de todo este asunto y divertirme una vez más opinando (recuerden que no practico la verdad absoluta), pensé que a diferencia de los cangrejos rojos, los rojos con los que yo convivo no crean enjambres, no se enfrentan a los cambios juntos, no sobreviven en grupo a los períodos de desecación y por eso mueren antes. La izquierda de este país se empeña en permanecer dividida, para después forzar acuerdos o pactos y reforzar, no traspasar, burlar o borrar las líneas rojas, para finalmente no garantizar nada

Perdonen mi atrevimiento, pero los que me conocen, saben que solo soy una aficionada a estos menesteres políticos y a los cangrejos y que mi análisis siempre es muy básico, porque las profundidades de estos asuntos se me escapan fácilmente. Quizá sea por la falta de oxígeno.