viernes, 9 de diciembre de 2022

Cosmopolita habitando en Sagrajas

Siempre que me preguntan de dónde soy, digo que soy cosmopolita. Ser ciudadana que habita en el mundo. me ofrece la posibilidad de no tener que plantearme, ni mi nacionalidad, ni mi gentilicio. No entiendo de fronteras.
En mi periplo, la vida me ha llevado a Sagrajas, lugar inexistente para mí hasta hace algo más de un año.
Habito en Sagrajas, lugar muy pequeño, con casas muy grandes. Hemos sido acogidos con la amabilidad preventiva de no saber quien habitará la casa de Isabel
Vecinos impecables que, sin ni siquiera saber todavía nuestros nombres, nos prestan su luz, su agua, sus herramientas. Nos regalan los productos que salen de sus tierras, huevos, la charla en la entrada de la puerta, en el bar, un perol grande para hacer migas, su amistad y un buen puñado de paciencia mientras tirábamos algunos muros.
Todas las mañanas paseo por sus calles muy temprano, Kira, me acompaña. Estos días, Sagrajas brilla más, la niebla empaña el objetivo de mi cámara, dejando que los colores traspasen lo justo, para dejar el rastro de esas bombillas parpadeantes que sirven de alfombra roja para la llegada de la navidad.
Estos días, sentada frente al ordenador, escribo mis relatos. La ventana de mi biblioteca permite que todo el vecindario entre en mi casa a través de mi mirada observadora, sus quehaceres y las palabras que consigo ir robándole al silencio. 
Aquí siempre hay silencio y por eso las musas y los ruidos han bajado de nuevo a mi cabeza. 
Estos días adornan las calles, comparten bolas, lazos, árboles de navidad y material reciclado. Se suben a los tejados, para no dejar ni un centímetro sin ese espíritu navideño, que reconozco me han contagiado.
He abierto ya muchas de las cajas que he traído hasta aquí cargadas de sueños y se van haciendo realidad cada vez que reformamos un cachito más de estas paredes, de nuestro enorme patio, de nuestra convivencia con gente nueva. Estos días regalan migas, también roscón de reyes y chocolate y nos recuerdan que tenemos que acercarnos, que este espacio que es su pueblo, ya está empezando a ser también un poquito nuestro.
Aquí va mi ofrenda navideña: palabras. 
Antonio, Carmen, Eva y Kira, deseamos que sirvan de agradecimiento a vuestra incondicional acogida.
 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Acallar los perros cuando ladran

"La ética estoica es la del guerrero que sabe cuándo hay que luchar y lo hace gobernando sus pasiones"
                         Juramento del filósofo

Me gusta mucho la idea del estoico como guerrero. Me parece importante no estar en una lucha permanente, pero sí estar preparada siempre para luchar, si llega el momento de hacerlo.
Bajar las armas y solo prepararse por si llega la batalla.
Ser más silenciosa - el que sabe no habla, el que habla no sabe-, más observadora, más prudente. Escuchar más y hablar menos. Pensamos que sabemos demasiado.
El entrenamiento permanente en el gobierno de las pasiones, es la manera de acallar los perros cuando ladran. Hablamos demasiado alto, excesivo ruido, palabras vacías. Siempre hay un momento obligado para parar. 
La enfermedad del cuerpo, quizá no podemos pararla y en eso no compartiré sanatorio con nadie, pero la enfermedad del alma estoy obligada a curarla.
La filosofía es un gimnasio, abierto de sol a sol: ¿entrenamos o cerramos?

jueves, 24 de noviembre de 2022

El espacio en que no estás

En la pantalla de ese ordenador de la biblioteca, al que tuvo que irse adaptando, siempre estaba el gato.  En invierno, un calefactor siempre pegado a sus pequeñas piernas. En el cajón, un plátano que siempre se comía más o menos a la misma hora y con el que a veces los chicos hacían esas pequeñas bromas que ella permitía a carcajadas y diciendo hay que ver.... 
Tenía la mesa en el sito principal, vigilante incansable que con su voz, también pequeña, reñía y reía en la misma proporción. Repetía en el recreo que no se podía comer en la biblioteca, les mandaba callar y no callaban y entonces se volvía gruñona y taconeaba desde la mesa hasta cualquier punto de la biblioteca en el que se necesitase una buena bronca.
Una nunca sabe que se tiene que morir, pero aunque lo hubiese sabido, creo que su vida, no habría sido muy diferente.
He de decir que nos teníamos la una a la otra, en este espacio lleno de libros que casi nadie leía, un mausoleo que desde que decidí instalarme en él de manera permanente, me sentí como una okupa en la vida de Viti. Al principio me miraba de reojo y cuando empecé a llenar la biblioteca de alumnos/as a cada hora, se enamoró de la filosofía, de la inteligencia emocional, de la sexualidad, Platón, visitas extras, trabajos en grupo y la complicidad que los chicos y yo íbamos trabajando cada día.
A veces lloraba con las historias de aquellos que nos visitaban y entonces con disimulo limpiaba su nariz y sus lágrimas. A veces terminaba su turno de trabajo y se quedaba un poco más para escucharnos. A penas unas sesiones más y hubiera expedido su título honorífico de filósofa bibliotecaria.
Ya ves, Viti, mantengo activo este espacio que tanto nos gustaba y que en silencio y en secreto muchas veces hemos compartido. Tú me decías lo buena profesora que era y lo que estabas aprendiendo y yo escuchaba las historias de tu vida, que como tú solo sabes, me sirvieron para seguir aprendiendo. 
Casi no coincidíamos en nada: ni opiniones políticas sobre este pueblo, ni sobre la educación, ni sobre el mundo que nos había tocado vivir.... Pero a Viti y a mi, no nos importaba.
Ten en cuenta que siempre nos quedará la biblioteca, querida amiga. 
Postdata: echaré de menos tu estado de wasapp diciendo hasta mañana.


miércoles, 2 de noviembre de 2022

Día de difuntos en Ibahernando.

A veces las sombras se funden con la realidad y se estiran sobre el pavimento, para hacerse partícipes de los acontecimientos.

Día 1 de noviembre, día de cementerios, flores, misas y difuntos. Días de tristezas y sombras sobre las lápidas que anidan en este cementerio. He acompañado a mi madre, como lo he venido haciendo desde hace muchos años, durante la misa. Esta vez, ella estaba inexplicablemente para mi, dentro de uno de esos nichos. He escuchado la letanía de las voces que rezaban en la distancia, a su lado, frente a una lápida que se ha empeñado en tener grabado el nombre y los apellidos de mi madre. Creo que no es posible que mi  madre esté dentro, cómo la muerte puede haber callado ese torrente de charla permanente, ese saltar de un tema a otro sin control ni límites temáticos. Como puede la muerte dejarnos tan en silencio.

Conversaciones en susurros de fondo, reencuentros para llorar juntos. Venidos de lejos y de cerca nos reunimos al calor de la misma emoción, al frio del mismo miedo. Al final todos acabaremos aquí es la letanía principal, para qué tener miedo. Ahora cantan en latín, mi madre también lo hacía. Hay bullicio, un grupo de niñas corren durante la celebración, están exentas de llorar y necesitadas de reír a carcajadas. Hacemos paseíllo de reconocimiento por todo el cementerio y escucho contar otra vez las mismos sucesos: muertes naturales, dolorosas, prematuras. Historias completas que no se perderán nunca, porque siempre queda alguien para repasarlas. Mi madre siempre me recordaba algunas de esas historias, pero yo las he olvidado. 

Te hemos puesto muy guapa madre, hermana trajo dos macetas preciosas de margaritas para decorar tu espacio con vistas al cielo. Te hemos encendido una vela con la imagen de tu Virgen de la Jara, hemos limpiado la lápida para que te veas reluciente. Creo que hemos cumplido con todo el protocolo que nos enseñaste por si te morías, pero he de decirte, madre mía, que nos ha dolido
el corazón y el alma en este aprendizaje. 

miércoles, 26 de octubre de 2022

A quien pueda interesar.

   Soy profesora de instituto y al comienzo de la programación didáctica que estoy redactando, he incluido esta reflexión en voz alta:


A quien llegue a leerlo y pueda interesar: Antes de comenzar a redactar esta programación, quiero dejar constancia, a nivel global, de algo que me parece primordial en educación y es la pérdida de tiempo a la que estamos sometidos. Las horas que voy a dedicar a redactar esta programación, son parte de esa pérdida de tiempo y desde luego, confieso que la haré de manera superficial y de muy mala gana, porque este cometido no me interesa lo más mínimo. Pueden, por lo tanto, suspenderme en programación didáctica, lo asumiré.

Año tras año y ley tras ley, pocas cosas han cambiado y de manera muy lenta.  Quiero dejar también constancia y ahora a un nivel todavía más personal, que trabajo por competencias desde el año 1992 que ingresé en la enseñanza pública y lo que ahora parece un descubrimiento, entonces era tachado de pedagogía moderna. Siempre llegamos tarde y llegamos mal. Quizá el problema es que nunca ha dejado de ser enseñanza y nunca ha llegado a ser educación. 

Les aseguro que esta nueva ley no va a obligar al profesorado a trabajar por competencias, ni les va a hacer mejores profesores, solo cada uno de ellos puede hacerlo, nunca la ley. Hay una canción de mi rockero favorito, Loquillo, que dice “luché contra la ley y la ley ganó”. Hoy quería practicar la desobediencia civil, pero creo que nadie entendería por qué y aquí estoy.

Aprendí de los estoicos a aceptar lo que no se puede cambiar y honestamente es lo que estoy haciendo. Por eso, me he sentado con tristeza ante el ordenador con el DOE, BOE y mil instrucciones que no entiendo y que, les aseguro que para ser una buena profesora, no necesito entender. 

Estoy derramando palabras, esas  que tanto amo en un folio en blanco y creo que solo significan algo para mi.

Esta cansada y valiente filósofa, si pudiera dejar de hacer lo que tiene que hacer, iría a las barricadas. No obstante, quizá vaya después.

                    

                         

 

lunes, 17 de octubre de 2022

¿Harto de Burocracia? Deja tus quejas aquí



Hay que entregar la programación del curso escolar 2022-2023 a finales de octubre y hoy me he sentado estoicamente a empezar a averiguar qué tengo que hacer. 
Tengo la boca cerrada, pero la mente siempre abierta y por ella salen todos los improperios que uno puede imaginar. Sentarme frente al ordenador y escribir conceptos incoherentes como competencias, evaluación, criterios de calificación, saberes básicos, indicadores, rúbricas...espera que ya me estoy descojonando jajajajjaja. 
Para el neófito aclararé que esto es como ir a mear y no echar gota o como hacer que comes sin meter alimentos en tu boca o como respirar cuando no hay aire.... es decir, una estupidez.
A riesgo de ser demasiado directa y dejarme llevar por la ironía que me caracteriza, diré que siempre todo el rollo burocrático al que estamos sometidos, en este caso particular que me atañe, los docentes, es una estupidez. 
Este año me estoy planteando seriamente qué hacer para declararme objetora de conciencia y cumplir servicios sociales en compensación o ir a la cárcel una temporada por desobediencia civil. Afirmo con la mano en mi pecho que llevo dos horas delante del teclado y no he conseguido escribir nada, he intentado lo del rincón del vago y copiar algo hecho para salvar este asunto lo antes posible. ¿Alguien me regala una programación hecha, por favor? a cambio ofrezco mis servicios para elaborar cualquier tipo de proyecto pedagógico y educativo que sirva para conseguir algo en todo esto que llaman educación.
Buenas noches. Hoy tampoco será el día en el que me acueste con la esperanza de ver un nuevo renacer, uno sin burocracia. 

miércoles, 5 de octubre de 2022

Filosofía en Formación Profesional Básica, por ejemplo.

Momento ¿podemos cambiar?
          Dedicado a Cris y al alumnado de FP básica.

A veces, solo me siento y respiro. Después del trabajo bien hecho, me gusta tomar aliento, saborear el espacio educativo que habito y decirme: hay que seguir adelante, querida filósofa.
Me gustaría poder afirmar que todo aquel que se dedica a la educación, hace algo parecido. Pero, honestamente, no puedo hacerlo.
Inicié el curso pasado un hermoso proyecto, invitada por mi curiosa compañera y ya amiga, Cris. Alumnos/as de Formación profesional Básica, a los que la Filosofía Aplicada, les está ayudando a crecer un poco más. Me he dado cuenta de que también les está ayudando a creer en que, aunque el sistema les ha expulsado, hay cosas que se pueden hacer bien. 
Quiero aprovechar la oportunidad que me brinda mi propio blog y mi pasión por la palabra, para que este proyecto no caiga en el vacío. Cada semana y durante una hora de clase, me reúno con ellos/as. Les espero con la pizarra llena de buena filosofía práctica, mucha de ella basada en los estoicos - que eran muy listos-, frases célebres, provocadoras, emocionantes. Solo entiendo la filosofía como un camino que te eriza la piel, porque habla de las cosas de la vida, las no planeadas, las que se te escapan si no prestas atención. Nos sentamos en círculo, tal y cómo pueden ver y hacemos algo inusual: pensamiento crítico.
Les he llamado borregos, prisioneros de la caverna de Platón, he cuestionado su comportamiento, escuchado su malestar y perdonado su ignorancia, entre otras cosas. A pesar de eso siguen viniendo y lo hacen porque quieren. 
En la antigua Grecia, mis maestros paseaban por las plazas o los patios y aquel que quería se acercaba a escuchar, cuestionar y aprender. 
Es un honor para mi, que vengan al espacio de reflexión que he creado para ellos/as. Vienen con los ojos abiertos. Bendita Filosofía y bendita la madre que me parió.