miércoles, 10 de enero de 2024

Segunda planta de este hospital.

                   

Mi agradecimiento a la segunda planta del hospital de Mérida por el trato que estamos recibiendo. 


Música flamenca sale del carro en el que las auxiliares transportan sus cosas de auxiliares,  en este hospital. No las he visto dejar de sonreír, a pesar de nuestras múltiples insistencias. Todos necesitamos algo y lo queremos ya: Levanta a mi padre, mi hermano, mi amiga. Acuesta a mi suegra, mi hermana, mi prima. Necesito una manta, comida, toalla. El sentir hedonista también habita en el hospital. 

Enfermeras y enfermeros que están en pie de guerra permanente. Si miro un rato los veo surcar los pasillos sin tocar el suelo y a vertiginosa velocidad. Ponen, quitan, cambian. Vías, gafas, sueros, sangre. Curan, limpian, consuelan. Vías, vías, hola cariño cómo estás.

Médicos y médicas de una compresión infinita, ante nuestras preguntas infinitas. Acompañantes que con infinita pesadez, preguntamos lo que no tiene fin y a veces ni respuesta. Infinita paciencia para los impacientes. Y además perseguidos por pasillos, cafeterías y despachos, porque siempre olvidamos algo que debimos preguntar.

Esta planta está muy transitada, todos somos desconocidos que se conocen. Las expresiones de nuestras caras son comunes, espacio común, alojamiento temporal común. 

Hay algo que me gusta especialmente: casi todos llaman a los enfermos por su nombre.



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